Memoria agradecida

Por René Rebolledo Salinas, Arzobispo de La Serena

Hoy, miércoles 1 de julio de 2020, hacemos memoria que hace 180 años fue creada la Diócesis de La Serena por el Papa Gregorio XVI, el 1 de julio de 1840 por la Bula Ad Apostolicae Sedis Fastigium (al honor de la sede apostólica). El 20 de mayo de 1939 el Papa Pío XII la elevó al rango de Arquidiócesis mediante la Bula Apostólica Quo Provinciarum (allí donde entre las provincias). El año 1946 se desmembró Copiapó con el título de Administración Apostólica, actualmente el Obispado de Copiapó, en tanto en 1960 se creó la Prelatura de Illapel. Estas tres circunscripciones conforman la actual Provincia Eclesiástica de La Serena. El año pasado, al conmemorar 80 años en que se elevara a rango de Arquidiócesis, manifesté sentimientos que con agrado expreso nuevamente: invito a todos a contemplar el pasado con honda gratitud, discernir juntos los retos del presente – para afrontarlos con la mirada fija en el Señor – y, a la vez, proyectarnos con gran esperanza al porvenir.

Es preciso, ante todo, elevar nuestro agradecimiento al Señor Dios, Uno y Trino, porque como canta el Salmista: El Señor ha estado grande con nosotros. ¡Estamos alegres! (Sal 126 (125)3).

A los largo de estos años se han creado parroquias y consolidado numerosas comunidades. En el espíritu del Concilio Vaticano II, han llegado movimientos apostólicos y nuevas comunidades a la zona. De las tareas más significativas y promisorias resalta la formación de centenares de laicos comprometidos en las diversas áreas de la pastoral. Ingente ha sido el esfuerzo por dar vida a las comunidades eclesiales de base y agrupaciones laicales.

Revisando la documentación de estos años, mis antecesores se han comprometido en la formación de los laicos, la promoción y formación de las vocaciones sacerdotales y diaconales, como también apoyando a comunidades de religiosas y religiosos que han venido a servir entre nosotros.

Destaca también de estos años la cercanía de los pastores a los bailes religiosos, manifestándoles acogida y brindándoles espacios de efectiva participación en las fiestas religiosas de carácter arquidiocesano y parroquial. La buena relación con los Caciques de diversas épocas, como también con los Consejos Cacicales, ha dado hermosos frutos, que se expresan en el gran número de bailes que se han creado, como igualmente en el incremento sustancial de sus miembros, particularmente en los últimos años con la integración cada vez numerosa de los jóvenes.

Con gran alegría y gratitud al Señor nos estamos preparando para celebrar el 4 de agosto próximo, Dios mediante, los 39 años de reapertura de nuestro seminario mayor “Santo Cura de Ars”, creado el 10 de febrero de 1843. Por diversas causas se mantuvo cerrado durante décadas y fue reabierto por Monseñor Francisco Fresno el año 1981. Son numerosos los sacerdotes que se han formado en este centro, provenientes especialmente de las circunscripciones eclesiásticas del norte chico y grande.

Sin duda, no han faltado los problemas y dificultades de diverso orden, menciono, por ejemplo, los terremotos. El último acaecido el 16 de septiembre de 2015, también con un posterior tsunami, que ha provocado gran sufrimiento en la población. Numerosos templos se han debido reconstruir con el aporte generoso de los fieles y amables bienhechores, a quienes manifiesto gratitud profunda.

En comunión con las Orientaciones Pastorales de la Conferencia Episcopal de Chile, nuestra Arquidiócesis publica las suyas periódicamente. Las actuales se afrontan desde el 2015 y tienen vigencia hasta el 2022, Dios mediante. Se escogió las prioridades: Familia, Migrantes, Medio Ambiente y Vocaciones, las que se están trabajando a todo nivel: parroquias y comunidades, agentes de pastoral, sacerdotes y consagrados, movimientos apostólicos y nuevas comunidades. Son los Consejos Pastorales Parroquiales, presididos por sus respectivos pastores – junto a otros organismos de base – quienes procuran priorizar la evangelización en los sectores más diversos, siguiendo las Orientaciones mencionadas.

Afrontando una realidad de cambios serios y profundos provenientes de la cultura actual, estamos convocados a llevar la semilla del Evangelio, sin renegar en absoluto del mundo y sus desafíos, sino más bien, como nos enseña el Señor: alzando los ojos y observando los campos que ya están madurando para la cosecha (Jn 4,35).

Desde la conciencia que somos un pueblo peregrino e hijos muy amados del Padre eterno, –siempre estamos en sus manos-, y conocedores de nuestras debilidades -dado que Cristo nuestro Señor conoce nuestra humanidad- guiados por el Espíritu Santo, que nos conduce por caminos insospechados, tenemos confianza en afrontar con esperanza el futuro. Él nos ha prometido: les daré un porvenir de esperanza (Jer 29,11).

Convoco a todos a sumarnos corresponsablemente a fin de que podamos edificar, como nos señala el Santo Padre Francisco en su Carta Al Pueblo de Dios que peregrina en Chile: una Iglesia más sinodal, profética y esperanzadora, que tenga a Cristo como centro. Es nuestro anhelo, seguramente compartido por los fieles.

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