Leyenda urbana de la localidad de Altovalsol – Hacienda San Pedro




Hace muchos años en la localidad de Altovalsol, vivía un campesino e un pequeño terreno en el cual cultivaba uvas para poder vender en el pueblo, al cual iba cada 7 días. Un día el campesino, cuando vendía sus uvas famosas en el pueblo por su dulce sabor, se encuentra con una  mujer joven y muy hermosa, de la cual se enamoró profundamente al solo mirarla. El campesino se esmeró para tratar de cautivar a la hermosa jovencita, para lograr su objetivo utilizó una infusión de uvas con rosas logrando fijar la atención de la dama en él. Después de largas conversaciones en las laderas de los cerros de Altovalsol, se conocieron mejor y lograron entablar una muy fuerte relación, la cual fue avanzando hasta convertirse en una relación de pareja. Una tarde de domingo, el campesino le pregunta sobre su familia, y ella, en voz baja y mirando hacia otro lado se tomó un gran respiro y dijo: “No quería contarte de eso, porque pensé que se interpondría en nuestra relación, que tanto tiempo nos ha costado formar, pero confío en ti y no creo que sea muy importante ahora… Soy la hija del Hacendero de San Pedro, el dueño de la parte norte de Altovalsol, Don Juan Pérez”.

Y el campesino quedó anonadado con la noticia, ella asustada por la reacción que había producido en el campesino, le dio unos pequeños empujones para “despabilarlo”, los cuales tuvieron resultado, después de esto el campesino se armó de valor y le dijo a María: “Yo por ti, soy capaz de ir a presentarme a tu padre, y … ¡Pedirle tu mano!, por que te amo sinceramente. María llorando le dice: “¡No por favor, no lo hagas, mi padre es muy drástico con los asuntos familiares y no quiero que te haga daño!, luego de esta frase María besa en la mejilla al campesino y se fue corriendo de la ladera. El campesino, lleno de valor, se subió bien los pantalones, y decidió ir a sincerarse con el padre de María y confesarle su amor, para poder obtener su mano. Ese mismo día en la noche, el campesino fue donde Don Juan, quien era un hombre alto, con una cicatriz en la mejilla y un temperamento muy agresivo. Cuando el joven campesino le dijo lo que sentía por su hija, Don Juan le preguntó: “¿Y de dónde sacas el alimento tú?”, y el campesino con mucho orgullo le dijo: “Yo vendo uvas y sus derivados para poder comer Señor.”. Luego de este comentario, Don Juan se ríe burlonamente y lo echa de la casa, prohibiéndole poder entablar una relación con su hija, y amenazándolo con matarlo. Al otro día el campesino se encuentra con María, y le dice: ” María, lo logré, tengo un plan para que tu padre me deje desposarte.”, y ella con una expresión de asombro le dice: “Oh, ¡¿Cuál manera?!. El campesino le dice que debe irse de la ciudad para poder ampliar su negocio de manera que obtuviera la cantidad de dinero para poder comprar un gran campo y así no ser “mirado en menos” por su padre. Ella de acuerdo con el plan de su amado, decide esperarlo hasta que vuelva de su “cruzada por la libertad de su amor”, y desde ese día, se dice que en la ventana derecha de la pieza de la hija de Don Juan, en la Hacienda San Pedro, se pueden ver las cortinas moverse, las ventanas abrirse y algunos leves sollozos de la amada que espera eternamente el regreso de su amor para poder ser libre…

Alan Guzmán, César D’arcangeli

 




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